19/9/08

amando a la habana


El amor a La Habana es un sentimiento que, me atrevería a asegurar, comparte la totalidad de los cubanos e, incluso, muchos que no lo son.


                       

                                                                   
La ciudad es casi un mito para quienes aún no la conocen, un extraño recuerdo para quienes han decidido bañarse de sol y encontraron misteriosas luces, ajenas al luminoso cielo del Caribe.                 

Si se tiene la suerte de nacer en ella, de vivirla, resulta casi una agonía cuando – por diferentes motivos – no podemos caminar bajo sus balcones, entre las maternales columnas, admirando la sinfonía de estilos arquitectónicos - sepamos reconocerlos o no.







¿Y cuál es el mejor sitio para sentarnos a olvidar lo duro del día, para hacer planes, soñar, raptar la única brisa que salpica el litoral, y hasta para besar a alguien por primera vez? Sí, ya sabemos que San Cristóbal sería otra sin el mar y su muro guardián.


                                                   


Pero también sería otra La Habana sin esa gente que viene de todos los sitios del país dando un pasito más para acercarse a sus sueños, esos sueños que han ido alimentando desde que nacieron; o los otros, sueños dormidos, esperanzas dormidas...


                  


Gente que se inventa, todos los días, pedacitos de historias, juegos, para continuar atrapando la risa, que ayuda a sobrevivir a esta ciudad.  


      



                            




1 comentario:

Aylín dijo...

me gusta su blog... compraré su libro en la feria